La evolución de Viñademoya

La evolución de Viñademoya

Los bares han vuelto y con ellos ha llegado también la nueva añada 2019 del Viñademoya, que además estrena etiqueta. Una nueva imagen que se convierte en un signo más de la evolución que a lo largo de casi dos décadas ha experimentado el vino insignia de la bodega Luzdivina Amigo, uno de los ‘reyes’ del chateo en el Bierzo. El Viñademoya ha ido creciendo y evolucionando su perfil con la bodega berciana, pasando de 4.200 botellas de un vino joven sin paso por madera elaborado en depósitos de hormigón y depósitos de acero inoxidable en 2002 a más de 125.000 botellas de un mencía con crianza de hasta cinco meses en barricas de roble francés en la actualidad. Eso sí, su origen sigue siendo el mismo, una potente zona de viñedo entre Parandores y Otero.

El Viñademoya 2019 sale al mercado más redondo, con más tiempo en botella, para mostrarse con un carácter más fresco y «una capacidad de guarda impresionante». «Va a ser un vino que se va a poder beber y disfrutar en tiempo, hay añadas que son equilibradas y esa es una de las particularidades que yo encuentro en el 19», ensalza el bodeguero Miguel Ángel Amigo. Reconoce que la COVID-19 ha retrasado varios meses su salida al mercado, pero que eso lejos de tener un impacto negativo «nos ha dejado más tiempo en bodega para trabajar más a gusto y redondear más  el vino».

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Miguel Ángel Amigo, con su Viñademoya, en el Gundín. Foto: TQM

La familia, el leit motiv

Con el nuevo ‘vestido’ diseñado por la prestigiosa agencia de diseño riojana Calcco, el Viñademoya se desprende de la etiqueta que lo ha acompañado los últimos años, desde el 2012. «Era una etiqueta que nos ha dado muchas elegrías y que ha funcionado muy bien, pero su imagen tiene que seguir evolucionando con el vino y con nosotros», explica Miguel Ángel. Así, «el pájaro que se posa en una vid de Parandones para volar a cualquier lugar del mundo» que creó el estudio berciano Roman Bold entonces, ahora deja de estar sólo para representar a la familia, el que siempre ha sido el leit motiv de la bodega.

Desde la bodega han trabajado mano a mano con el equipo de Calcco para que su nueva etiqueta «cuente la historia de lo que hacemos». De esta manera, señala, su diseño con detalles en relieve «representa el trabajo de la familia, que tras finalizar las tareas propias de vendimia y elaboración se prepara para un emocionante viaje que les llevará a presentar ese nuevo vino por el mundo», como ellos hacen en distintas ferias nacionales e internacionales.

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Detalle de la nueva etiqueta, diseñada por el estudio Calcco.

El Viñademoya es una buena carta de presentación de la bodega, con una excelente relación calidad-precio (en torno a los siete euros) que lo convierte en un vino muy accesible y cercano. «En su elaboración ponemos todo el esfuerzo para que salga el mejor vino posible, cogemos todo lo bueno del viñedo de la zona de Viñademoya y alrededores y lo metemos ahí», añade el bodeguero, que recuerda que hace ya muchos años que dejaron de elaborar el Viñademoya Leiros, que era una selección de parcelas.

Objetivo, crecer en exportación

La mayor parte de la producción del Viñademoya no sale de nuestras fronteras, con una red de distribución que escapa de los lineales de grandes superficies y supermercados y apuesta por la hostelería y las tiendas especializadas. Con la nueva etiqueta, la bodega Luzdivina Amigo busca «subir un peldaño en la calidad percibida por el consumidor y que eso nos ayude a colocarnos mejor en el mercado internacional para vender el producto de una forma más fácil».

Hasta la irrupción de la COVID-19 en nuestras vidas, sólo un 10% de su producción se iba a exportación. «Ahora ha bajado el mercado nacional y hemos mantenido mercado internacional, con lo que este año la exportación representará el 25%», detalla Miguel Ángel, que insiste en que su objetivo es incrementar ese porcentaje y tener más presencia a nivel internacional, por lo que esperan que el cambio de imagen les eche una mano.

El Viñademoya 2019 es un tinto roble con cinco meses de crianza.

Viñademoya, el primer vino

Viñademoya fue el primer vino que sacaron al mercado, cuando Miguel Ángel y su hermano Javier empezaron a tomar las riendas de la bodega familiar, que hasta entonces se había dedicado a la venta de vino a granel y uvas. «Mis abuelos y mis padres ya se dedicaban a la  viticultura y a la elaboración de vino, pero no de forma exclusiva y no lo embotellaban», cuenta el bodeguero, que recuerda que a medida él y Javier iban creciendo les iba «entrando el gusanillo» y empezaron a hacer algunas pequeñas vinificaciones diferentes a las que hacía la familia para los graneles, que eran generalmente vinos muy ligeros con poco grado y mezcla de uva tinta y blanca.

La llegada a la DO Bierzo de gente como Álvaro Palacios y el boom de nuevas bodegas coincidiendo con el cambio de milenio fueron el último empujón que necesitaban para dar el paso y en 2002 elaboraban la primera añada del Viñademoya, ya como bodega Luzdivina Amigo. Ese vino estaba elaborado con la mencía de un área de viñedo que tienen entre Parandones y Otero que se llama Viñademoya, así como de otras parcelas cercanas de la misma zona y con el mismo perfil de suelo en otras ubicaciones (El Souto, La Lomba…).

Viñademoya son numerosas parcelas en manos de varios viticultores pero que en el siglo XIX eran una única finca propiedad de un «adinerado» de Villafranca. Su nombre, el señor Moya. «Eran cinco hectáreas y, de hecho, tenía un lagar en el que elaboraba el vino dentro de la propia finca, que estaba amurallada», explica Miguel Ángel. Sus herederos emigraron y, ante la imposibilidad de que un sólo viticultor pudiera pagar el precio de la propiedad, la finca se fue dividiendo hasta ser el minifundio que es hoy en día.

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El Viñademoya fue el primer vino de la bodega Luzdivina Amigo, en el 2002. Foto: TQM
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