El renacer del viñedo de Cubillos del Sil en ’13 Viñas’

El renacer del viñedo de Cubillos del Sil en ’13 Viñas’

¿Pero en Cubillos del Sil hay viñedo? Esa es una pregunta a la que ha tenido que responder muchas veces Julio Calvo, quien hace seis años se hizo cargo de la bodega y de las viñas de la familia para acabar poniendo en marcha su propio proyecto enológico, 13 Viñas. «Aquí había muchísimo viñedo», asegura Julio, algo que se puede comprobar si se tira de los datos históricos y se tiene en cuenta la extensión de Cubillos del Sil, 55 kilómetros cuadrados, más que Cacabelos y Camponaraya juntos.

Mucho viñedo se arrancó y otro tanto más quedó abandonado. «Todo lo que es la central térmica de Compostilla era viñedo, se arrancó, y como la gente empezó a trabajar en la central para Endesa y para la MSP también dejó el campo y abandonó los viñedos. Es una de las zonas en las que más viñedo se perdió», matiza Julio. También algunas plantaciones de pinos ocupan la tierra que décadas atrás ocupaban las vides, cuyos restos aún se pueden encontrar en un paseo por estos pinares.

Desde 2013

Por eso, detrás de 13 Viñas no sólo hay cuatro etiquetas de vino, hay todo un trabajo para mantener vivo el viñedo en Cubillos del Sil y rescatar de entre zarzas y hierbas viñas centenarias olvidadas tras años de abandono. Así es como echó a andar su bodega. «El primer año hicimos el vino para casa, al año siguiente ya hubo gente que nos ofreció otras viñas para que no se perdieran y se repartió la herencia de mi abuela, que tenía una viña que llevaba seis años abandonada. Como nadie la quería animé a mi padre a cogerla para recuperarla», cuenta. Así, ya suman en torno al medio centenar de parcelas y nueve hectáreas, «casi más viñedo que el que podemos atender».

13 viñas julio calvo
Julio Calvo está al frente de la bodega 13 Viñas, en Cubillos del Sil. Foto: TQM
13 viñas alto san esteban
Vistas del viñedo desde el Alto de San Esteban, entre Posadina y Cubillines. Foto: TQM

La entrada de Julio Calvo en el mundo del vino no estaba prevista. Como en tantos casas bercianas, él estaba acostumbrado a ayudar en la viña y en la bodega desde pequeño, para hacer el vino para la familia. «Hacía lo que me mandaban, ni siquiera me planteaba que yo sabía hacer vino», confiesa. Fue en el 2013, cuando un problema de salud de su padre le puso frente a frente ante la pregunta: ¿Me hago cargo del viñedo y del vino o lo voy a abandonar, voy a dejar perderse unas viñas que eran, ya no de mi abuelo, sino que ya estaban antes en la familia?.

Algunos cambios

La respuesta que dio ya es evidente. Ese primer año decidieron coger las uvas de su padre y hacer el vino como se hizo siempre en casa, en la bodega con lagar que hoy es el corazón de 13 Viñas, en el número 13 de la calle Campo del Obispo de Cubillos del Sil, y que ya empieza a quedarse pequeña. Eso sí, se atrevieron a separar las uvas de palomino, doña blanca y godello para hacer un blanco por separado, que envasaron (del clarete seguían vendiendo algún garrafón a la familia o a los amigos).

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La llave que se ha convertido en la imagen de la bodega. Foto: 13 Viñas

«El blanco quedó muy rico, gustó y venía gente a la bodega a pedir que les vendiéramos alguna botella. Nos duró quince días», recuerda Julio.  Al año siguiente, decidieron embotellar blanco y tinto, pero «no nos planteábamos la posibilidad de montar una bodega, simplemente queríamos mantener las viñas y hacer el vino». Volvió a gustar y hubo gente que les animó a llevarlo a los bares y a venderlo, hasta el punto que ya decidieron iniciar el papeleo para ser «una bodega de verdad» y en 2015 sacaban su primera añada «con etiqueta». Su nombre, 13 Viñas, porque es el número en el que está la bodega, es el año en el que hizo vino por primera vez y cada vez tenían más viñas. Su logo, la llave de hierro que lleva colgada de una punta de la pared de la bodega desde que tiene recuerdo.

Mingus y Babú

Esos dos vinos jóvenes, tinto y blanco, son el Mingus y el Babú. El Mingus es un homenaje a su abuelo Domingo (al que se hermana llamaba cariñosamente Mingus). «Ninguna intención de copiar a los del Pingus, entonces no sabíamos ni que existía», bromea Julio. Este vino joven, que ahora va a estrenar botella bordelesa, se hace con la uva mencía de sus viñedos. Tienen tantas parcelas que cada día intentan vendimiar un depósito, sin filtrar, solo trasegar y decantación por frío. Cada depósito tiene su evolución y no hacen coupage. «Arrancamos el año con el vino que está más preparado para salir, embotellamos ese depósito y cuando terminamos vamos con el siguiente y con el siguiente. Son parecidos pero diferentes, dentro de la misma añada», apostilla.

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Los cuatro vinos de 13 Viñas: Mingus, A Ponte Vella, Alto de San Esteban y Babú. Foto: TQM

En el blanco Babú mezclan todas las uvas blancas que tienen en la viña (palomino, doña blanca y godello), las prensan, las escurren y fermentan solo el líquido. Su color es amarillo pajizo, el que marca el palomino como uva predominante, seguida de la valenciana y el godello, cuya presencia ya es casi testimonial. Así, recuerda que en Cubillos, como pasa en buena parte de la comarca berciana, las viñas están prácticamente distribuidas igual con un 80% de mencía y el resto mezcla de variedades blanca, también algunas vides sueltas de garnacha tintorera.

Alto de San Esteban

En la actualidad están metiendo unos 20.000 kilos de uva para hacer principalmente en torno a las 12.000 botellas del tinto joven y entre 3.000 y 4.000 del blanco. El resto de la producción se destina al crianza Alto de San Esteban, del que van a salir este año unas diez barricas -el año que viene no habrá porque la merma de producción causada por el mildiu les obligó a destinar todo al tinto joven-, y A Ponte Vella, un vino especial que elaboran cada dos años.

Alto de San Esteban
Alto de San Esteban, un vino crianza de 15º y potente. Foto: TQM

El crianza Alto de San Esteban lo elaboran con las uvas de las viñas más altas y hace referencia a un paraje que se encuentra entre Posadina y Cubillines. Allí están las vides más altas junto a las que tienen en Costanas, ya en Toreno, a unos 770 metros de altitud, con una buena orientación y vendimia tardía (en torno al 12 de octubre). Así, tiene un grado alcohólico alto y es un vino potente. «Para acompañar a un buen chuletón», puntualiza Julio.

A Ponte Vella

A Ponte Vella es una edición especial que sale cada dos años, el de la añada 2016 salió el año pasado y, la siguiente 2018, verá la luz en el 2020. Son sólo 1.500 botellas. «Podemos decir que es un clarete moderno, con la fermentación de uva blanca y tinta juntas», apunta el bodeguero, que explica que este caldo se elabora con las viñas en recuperación, con muy poca producción. El primer año iban a ciegas, recogieron sólo unos 500 kilos (de 1.500 plantas) y decidieron vinificarlo a parte. «Estaba bueno, dio un buen grado alcohólico y nos parecía un sacrilegio envasarlo como joven. Así que probamos a darle una crianza de 12 meses y respondió muy bien», añade.

De él dice que quizás no sea su mejor vino, o quizás si, pero sin duda es el más trabajado porque procede de viñas en recuperación, que ya estaban dando su último aliento de vida, algunas hasta con seis años de abandono. Así, después de tres años de intenso trabajo, A Ponte Vella  es su primer fruto. En él utiliza uvas blancas y tintas y lo etiqueta con la imagen del antiguo puente de Carlos III que cruzaba el río Sil y unía Cubillos del Sil y Congosto. Un puente que todavía puede verse cuando bajan las aguas del pantano de Bárcena.

A Ponte Vella
A Ponte Vella, cuya imagen es el antiguo puente de Carlos III, ahora bajo las aguas del pantano. Foto: TQM
A Ponte Vella
Imagen promocional de A Ponte Vella, con el pantano de Bárcena de fondo. Foto: Adrián Núñez

Filosofía 13 Viñas

En esos cuatro vinos escriben la filosofía de 13 Viñas, cuyo primer punto es la recuperación del viñedo viejo, alguno centenario. «Creemos que incluso habría alguna cepa prefiloxérica, algunas son descomunales», aventura Julio. Otra apuesta es por la mínima intervención, con la decantación por frío y la utilización del sulfito en su medida justa, junto con el uso de levaduras autóctonas que, muchas veces, convierten en una aventura el arranque de la fermentación.

Por delante les quedan nuevos retos, como la incorporación en el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Bierzo, que facilitaría su salida al mercado exterior y que se ha ido retrasando a la espera del nuevo pliego que incorpore a Toreno -una pequeña parte de su producción procede de viñedo de este municipio-. También trabajan ya en la ampliación de la bodega, en otra edificación de piedra de la calle Campo del Obispo, para poder dar cabida a la producción de su viñedo creciente.

«No hay más orgullo que haber empezado de la nada, con viñas que estaban abandonadas, de nuestros abuelos y que nadie les daba valor alguno, y llegar a la DO Bierzo  e incluso poder llevar nuestro vino y el nombre de Cubillos fuera», recalca Julio.

 

 

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