El 2025 no fue un año cualquiera. Tampoco lo bebí como si lo fuera. No ha sido el mejor año, pero ha habido buenos momentos que han ayudado a tragar mejor los malos. De lo que no hay duda es que ha sido un año que me ha enseñado mucho. Así, hubo copas muy celebradas, otras compartidas en silencio, algunas muy pensadas con bolígrafo en mano y otras muchas disfrutadas sin pedirles nada más. Estos son los diez vinos que resumen para mí este año que acaba, no por puntuaciones ni por modas, sino porque en cada uno encontré un motivo para detener el tiempo un instante. No son “los mejores vinos” del año. Son simplemente los vinos que me acompañaron, me enseñaron algo o se quedaron conmigo más tiempo del previsto. Porque al final, el vino que recuerdas no es el más caro ni el más buscado, sino el que te conecta con un momento.
Mi lista no podía empezar con otro vino que no fuera el Aspronautas 2023, un vino elaborado por cuatro personas con discapacidad intelectual de Asprona Bierzo con el apoyo de Julio Calvo y Jesús Alcaide de la bodega 13 Viñas. Un vino que me emociona y que me ha hecho llorar de felicidad en más de una ocasión este año. Desde que pusimos en marcha el proyecto AspronaWine en 2023, ser testigo del crecimiento y la evolución de Guille, Tere, Baldo y Amoedo, participando en todo el proceso de elaboración, desde la viña a la bodega y la etiqueta, ha sido un gran regalo. Me resulta muy difícil explicar, pero ha sido increíble compartir esta experiencia con ellos. Un sencillo vino de mencía con un pequeño porcentaje de uvas blancas, elaborado de forma tradicional y con la mínima intervención, que se alzó con el premio ‘El maestro’ a mejor vino joven de la Feria del Vino de Cacabelos y 92 puntos en el último informe de Tim Atkins (firmado por Beth Willard). A eso se suma el diseño de su botella, un cohete que despega de la mano del diseñador Pablo Guerrero y que se alzó con un oro en los Pentawards 2025 al mejor diseño con propósito (qué gran emoción poder acompañarles a Ámsterdam y vivir el momento en el que los cinco subieron a recogerlo al escenario del Kromhouthal).
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El siguiente vino me recuerda un viaje y un reencuentro con amigos. El Château Cantenac Sélection Madame 2020 – Saint-Émilion Grand Cru es un vino de Burdeos que me enseñó por qué algunos estilos no necesitan reinventarse para seguir siendo excepcionales. Dominado por la uva merlot (95 %) con pequeños aportes de cabernet franc (3 %) y cabernet sauvignon (2 %) es un vino bien hecho, muy fácil de beber. La fruta está muy presente, con ese toque de madera que acompaña y alarga el trago sin imponer peso. Probarlo en Burdeos, en la propia bodega, fue entender su origen. Volver a abrirlo después, alrededor de una mesa con los amigos de la universidad, fue darle otro sentido más. Risas, conversaciones largas y una botella que actuó como hilo invisible entre pasado y presente.
Otro vino que me ha encantado este año ha sido La Blanca 2022 de Catariña Vinos de Familia. No sé cómo serán las siguientes añadas, pero esta me ha robado el corazón nada más echarlo a la copa. Una nariz perfumada inolvidable y fresco. Elaborado a partir de una combinación de godello, doña blanca, palomino y un toque de malvasía, con fermentación en barricas de roble francés y acero inoxidable y crianza sobre lías durante 18 meses. Es un vino que este año me recuerda a algunas de mis mejores amigas, con las que he compartido brindis y conversación con unas coas de La Blanca de por medio.
La Faraona 2023 de Descendientes de J. Palacios es otro de los vinos del año, por motivos evidentes. Que lleguen 100 puntos Parker para un vino del Bierzo es siempre una alegría y que lo consiga de nuevo Titín, más. Lo celebramos entre amigos en el King Kong. Beber La Faraona es siempre algo especial, por toda la leyenda que rodea a este vino y a este viñedo. La añada 2023 fue compleja, marcada por lluvias durante la vendimia que obligó a cosecharla en seis momentos distintos, mostrando una sensibilidad inaudita hacia el viñedo. El resultado es un vino profundamente floral.
Vamos ahora con el vino de una amiga, La Regoxa 2023 de Vinos Cariñosos. Un vino blanco del Bierzo diferente, con mucha mucha personalidad, como la que tiene la sumiller Mónica G. Diñeiro. Es un palomino con 14 meses de crianza en barricas de castaño, muy aromático y con volumen en boca, que resiste cualquier comida. Para mi, en este 2025, es un vino que representa a la familia y volver a estar todos juntos alrededor de una mesa. Y seguimos con otro vino de amigos, Falso Wembley 2023, de la bodega 13 Viñas. Irreverente, honesto y muy Bierzo.Un vino que no busca parecerse a nadie, que va directo y deja recuerdo. De esos que apetece abrir con amigos y acabar hablando de todo menos de vino… Con 94 puntos en el último informe de Bierzo de Tim Atkins.
Ahora van otros dos vinos que he disfrutado mucho y con los que celebré mi ‘cumple-cata’. El Cáreo 2023 de Verónica Ortega y el Pal de la Vega 2022 de Versos de Valtuille. Dos vinos tremendamente finos y elegantes. El Cáreo es un mencía con un porcentaje de uvas blancas (10%) procedentes del paraje La Fulgueira en San Juan de la Mata (Arganza), con suelo calcáreo y siguiendo el estilo característico de Verónica Ortega, muy equilibrado. Por su parte, Pal de la Vega es un 100% godello con crianza con lías finas en barrica de roble de 500 litros. Muy expresivo y fresco. Se le nota la mano de César Márquez.
Mi siguiente recuerdo es el Assyrtiko Selected Vineyards 2024 de Barafakas Winery, sentada en la terraza de su bodega en Nemea, bajo la lluvia. La crianza de seis meses en ánfora eleva la expresión del assyrtiko y convierte el vino en un paisaje líquido. Muy diferente a la expresión de la variedad en Santorini. Y termino el viaje del 2025 con EMMM Brut Pistilo Aúreo de Almázcara Majara, un vino espumoso 100% godello que me ha acompañado en varias celebraciones este año y que también estará en la mesa esta Nochevieja para dar la bienvenida al 2026. ¡Feliz año nuevo! ¡Qué no nos falte el vino y los motivos para brindar!








