7.30 horas. Suena el despertador. Despierto con un desayuno potente. Parada en la panadería de Ana para recoger las empanadas y en Flores del Sil para recoger a Baldo y Amoedo, dos de los integrantes del proyecto AspronaWine de Asprona Bierzo. Los otros dos, Tere y Guille van, respectivamente, con su padre y en furgoneta con el resto de compañeros de Cuatrovientos. Llegamos a la viña. No llueve. Calderos. Tijeras. Guantes. Todo listo para empezar.
Hay mañanas en las que una sabe que el día va a ser largo y, sin embargo, sale de casa con una energía distinta. La vendimia tiene eso. Y esta, para mí, todavía más. Cuarta vendimia y la sigo esperando con los mismos nervios e ilusión que el primer día. Y es que hay que ser muy afortunada para que tu trabajo en una entidad social como es Asprona Bierzo, te permita también disfrutar de otra de tus grandes pasiones, el mundo del vino. Aunque de primeras no parezca tener mucha relación.
¿Y cómo es eso posible? La respuesta es AspronaWine, un proyecto inclusivo que Asprona Bierzo desarrolla desde 2023 junto a la bodega 13 Viñas a través de su iniciativa ‘Apadrina una viña’. De su mano, cuatro personas con discapacidad intelectual participan en todo el proceso de elaboración del vino, desde el cuidado de la viña hasta el embotellado, etiquetado y comercialización.


Otra forma de ver el vino
Coordinar este proyecto es una de esas partes de mi trabajo en Asprona Bierzo en las que lo profesional y lo personal se encuentran de una manera especialmente feliz. El vino era ya una de mis grandes pasiones antes de que comenzara esta aventura. Lo que no imaginaba era que este proyecto me permitiría acercarme a él desde un lugar tan diferente.
Porque AspronaWine habla de vino, naturalmente, pero para mí habla sobre todo de personas. De capacidades. De aprendizaje. De responsabilidad. Y de la posibilidad de participar de verdad en un proyecto, no simplemente de estar presente en él. Después de cuatro vendimias, Baldo, Amoedo, Guille y Tere conocen mucho mejor este mundo. Han aprendido tareas, procesos y rutinas. Han vivido la viña y la bodega. Y yo he tenido la suerte de acompañarlos desde el principio y observar esa evolución muy de cerca.
Aunque quizá debería decir que hemos aprendido juntos. Porque ellos también me han enseñado unas cuantas cosas. A mirar algunos momentos con menos prisa. A celebrar pequeños logros que muchas veces damos por hechos. A reírnos cuando las cosas no salen exactamente como estaban previstas. Y a recordar que el vino, antes que conocimiento, puntuaciones o etiquetas, es una experiencia compartida.

Volver a vendimiar juntos
Aunque la lluvia nos obligó a cambiar los planes un par de veces, la vendimia aspronauta 2026 ya estaba en marcha y hay algo especial en regresar cada año con Baldo, Amoedo, Guille, Tere y el resto de la cuadrilla de aspronautas a la viña de La Grisuela, típico viñedo viejo berciano, a un paso de la antigua estación de tren de Cubillos del Sil. Me encanta recoger las uvas a su lado. Compartir esas horas en las que sus voces se mezclan en el viñedo con el ruido de las tijeras, las cajas que se van llenando y ese inevitable “¿cuánto llevamos?” que aparece cuando el cuerpo empieza a recordar que vendimiar también cansa. Comer juntos empanada y algo de embutido, sabiendo que aún nos queda mucho trabajo por delante.
Nuestra vendimia ‘aspronauta’ de este año se resume en tres días de trabajo, 3.000 kilos de uva y tres vinos que ya están en marcha. Unas cifras que sirven para contar una vendimia, pero que no siempre consiguen explicar todo lo que sucede en ella. Cuántas historias y anécdotas, que de alguna forma también terminarán dentro de la botella.
Y es que después de meses mirando el viñedo, de repente el tiempo se acelera. La uva ya no puede esperar… y el “tetris” en la bodega 13 Viñas es de nivel avanzado para coordinar la recogida de la uva y los procesos de elaboración de cada uno de los padrinos. Todo está sucediendo al mismo tiempo. La llegada de las uvas, la preparación de los depósitos, los olores de fermentación, el ruido de la despalilladora, las decisiones que hay que tomar…
Nuevos vinos
En definitiva, una gran experiencia que nos permite comprender el vino de otra manera. Ya no es solamente una botella que aparece terminada y etiquetada sobre una mesa. Hemos visto de dónde viene. Hemos recogido la uva. La hemos acompañado hasta la bodega. Hemos participado en su transformación.
Cuando meses después probemos esos tres nuevos vinos aspronautas (un tinto, un blanco y por primera vez un rosado) que ya están en marcha, sabremos todo lo que ocurrió antes de que llegaran a la copa. Conoceremos toda su historia. Todo el esfuerzo. Toda la ilusión. Y eso cambiará inevitablemente nuestra forma de beberlos.
Cuatro vendimias después, sigo sintiendo esa emoción. Quizá porque cada vendimia es diferente. Quizá porque el vino nunca deja de enseñarte cosas. O quizá porque algunos proyectos tienen la capacidad de crecer contigo y de recordarte por qué merece la pena dedicarles tantas horas. AspronaWine es uno de ellos.
Y yo, a estas alturas, creo que ya puedo decir que también soy ‘aspronauta’.
Puedes saber más sobre la última vendimia de Asprona Bierzo en este enlace.














